Me limitaré a intentar reducir a unas cuantas palabras lo que me cuesta aguantar cada hora, cada minuto, cada segundo, en los cuales no puedo verter mis ojos en los tuyos. Me encadenaría al sentir de tus labios y a saborear contigo cada suspiro y cada silencio que se nos presente. Es una tortura esto del te veo y no te veo, del te escucho y no te oigo, del me duele, pero me acaricia y de todas estas contradicciones a las que me llevas. Me ato a la agonía y a la razón de la sin razón y rebusco entre mis sentidos y me pierdo entre los tuyos. Te pienso y se para el mundo y con un solo cruce se me pone esa sonrisa. Me agarraría por la noche a tus ojos y obligaría a mi lengua a sentirte y a escupir menos palabras. Porque sé que me encantaría sentir tu aliento a la altura de mis hombros, que me cojas de improvisto y que al día siguiente no me acuerde de como empezó aquello y llevarte la contraria en todo, para que ya no te quieras ir más. Te susurraré al oído los silencios que nunca te dije y callaré todo el ruido de este mundo. Serían perfectas las carcajadas para dejar descansar a nuestras lenguas y bañarme en el profundo mirar de tus ojos. Haríamos lo más bonito que sabríamos hacernos y ya no querré despertar más de ese principio eterno.

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